MAYO DEL 68


LA HERENCIA DEL MAYO '68
Luis Palacios Bañuelos
Catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos



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Fue una revolución imaginaria, o un movimiento que, al cuestionar los valores dominantes, cambió la vida cotidiana. Para otros, fue una revolución del deseo, o una expansión del campo de lo posible o una crisis de civilización. Para muchos, aquél movimiento no pasó de ser una algarada con lanzamiento de adoquines, quema de vehículos, huelgas y algún motín que acabó con un triunfo conservador. Hay quien piensa que alumbró una derecha liberal. O que con esa revolución se fraguó la crisis de valores y el relativismo moral del último tercio del siglo XX.

Aunque a casi medio siglo de distancia el mayo del 68 no interesa gran cosa a las jóvenes generaciones, merece la pena detenernos en las interpretaciones que se dan. Desde una visión conservadora, aquellos acontecimientos son el origen de todos los males que las sociedades occidentales han sufrido desde entonces; podría citarse la crisis de la escuela, la crisis de la familia tradicional, el cambio
en la concepción de la autoridad, incluso el terrorismo. Otros, más progresistas, presentan una visión más optimista y piensan que a aquellos hechos la sociedad debe los planteamientos más solidarios, más pacifistas, más tolerantes y respetuosos con todos oponiéndose a discriminaciones por motivos de raza o sexo. La pregunta que podemos hacernos es si mayo del 68 dio tanto de si en uno u otro
sentido.

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Para Glucksmann es cierto que mayo del 68 produjo estragos en los modelos de enseñanza pero fueron las tres décadas siguientes, las presidencias de Mitterand y de Chirac, las que hundieron a Francia en un pozo de negro inmovilismo, cultivando ambos las mismas momias que sitúan a Sarkozy, hoy en la misma encrucijada que hace cuarenta años: romper o no romper con la tiranía del Estado, sus burocracias e ideas muertas, jacobinas o leninistas, que continúan vampirizando Francia. Si algo ha legado Francia a la historia universal son las revoluciones. La primera y más importante fue la de 1789, la revolución por antonomasia que conocemos como Revolución Francesa. Incluso para revolucionarios como Trostky o Lenin había sido la “gran revolución”. Pero hubo también otras, como la Comuna de París,
de 1871, que quiso ser como un gran ensayo general de una revolución absoluta aunque frustrada por la derrota del ejército francés por el prusiano... O como la de Mayo de 1968, en la que, una vez más, París es el núcleo y protagonista. 

“Fue un movimiento revolucionario que surge de repente”, se dice con frecuencia al explicar el Mayo del 68. Pero, una vez más, la historia nos muestra que nada llega por casualidad. Desde hacía tiempo, las protestas estudiantiles estallaban por doquier. Protestas que respondían a planteamientos distintos pero cuyo fondo era el mismo: el descontento, la disconformidad con los principios que
informaban los estilos de vida de aquella sociedad. Una sociedad que se autodenomina del bienestar, una sociedad que ofrece mucho pero que esclaviza más aún porque su nota más relevante se llama consumo.


Disconformidad es la palabra que definía la actitud de aquellos estudiantes. Los de la Universidad de Nanterre, desde antes de la célebre “noche de las barricadas”, del 10 de mayo, discrepaban de casi todo: de la Universidad, de la sociedad, de los padres... e incluso del revolucionarismo al uso. ¿Qué se pretendía? Estas son algunas de sus propuestas: 

“Decid siempre no por principio”,
“Decreto el estado de felicidad permanente”,
“Prohibido prohibir”.

Si acudimos a los líderes de aquél movimiento nos encontramos, por ejemplo, que Daniel el Rojo iba más allá que “la vuelta de la tortilla”. Se trataba de arrasar, de sacudirse los vicios que acompañaban a la sociedad. Reivindicar sí, pero teniendo
en cuenta previamente los planteamientos éticos e intelectuales. Y, como en tantas ocasiones anteriores, las masas proletarias no eran sino cuerpos de maniobra en manos de unos estrategas de la mutación revolucionaria. Entre los primeros afectados está el poder establecido. El Estado gaullista siente que no domina la situación, que aquello es algo tan diferente e inesperado que se le va de las manos. La simple represión, con la que habitualmente se atajaban
los disturbios estudiantiles, no es suficiente en aquella ocasión. Aquello es incontrolable y parece capaz de socavar los cimientos de aquella sociedad tranquila y feliz hasta entonces. No había nada previsto para hacer frente a una situación así, no había protocolo que aplicar al caso. Aquellos jóvenes universitarios revolucionarios
funcionaban al margen de cualquier escolasticismo. Por eso, los comunistas les miraron con enorme desconfianza.


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Charles De Gaulle. Presidente de Francia
1965 - 1969

Aquello de “la imaginación al poder”, de raíces marcusianas, a parte de su regusto intelectual y poético, lanzaba su acusación contra todo lo establecido, contra la sociedad francesa como contra el Estado e incluso contra las organizaciones de la revolución oficial izada. Mayo del 68 fue un ataque generalizado en todos los frentes que puso a prueba no sólo la capacidad defensiva de un sistema sino también la capacidad del aparato revolucionario. Analizaremos el fenómeno por etapas:


a. Antecedentes. Parece indudable que hay unos antecedentes que terminan explicando la explosión que fue mayo del 68. De la Francia de entreguerras procedía el surrealismo, el marxismo heterodoxo y un anarquismo. Sin olvidar el existencialismo de Sartre y de la corriente anticolonialista que se hizo fuerte desde que el Tercer Mundo emergió. Hay que recordar que la Francia de mediados de los años sesenta presenta un nivel de prosperidad sin precedentes, con un crecimiento anual de casi el 5%. Se ha terminado con las guerras coloniales y se vive en paz. El estado del bienestar -“Etat Providence”- ha llevado también al mundo obrero mejoras globales. El progreso parece imparable; se ve en la vida cotidiana: lavadoras, frigoríficos, televisiones, automóviles... son los signos de estos cambios. Además, hay un fenómeno social nuevo, la emergencia de nuevas categorías sociales, una especie de clases intermedias entre la burguesía y la clase obrera. ¿Se camina ya hacia una sociedad al estilo de la norteamericana? Paralelamente, se detecta una deshumanización de las relaciones interpersonales, una tendencia al anonimato, a la uniformidad. La ubicación de Francia en el contexto internacional es, por lo menos, original por lo que difiere de las del resto de los países europeos. El Frente Popular y la guerra española quedan lejos y los humos antifascistas se apagan con el consumo y las vacaciones a España. En los años sesenta Francia reconoce la China comunista (1964), denuncia la hegemonía del dólar, se retira de la OTAN, muestra su simpatía hacia los países del tercer mundo donde, precisamente, los jóvenes pueden hacer realidad sus esperanzas revolucionarias...


Lo que ha pasado es que el mundo de los sesenta es distinto y los cambios producidos comienzan a hacerse visibles. La época de la postguerra está llegando a su fin. Socialmente, como constata Michel Crozier, de alguna manera “la era del proletariado se acababa”. El proletariado ya no es un mundo aparte pues su nivel de vida y sus aspiraciones de confort coinciden con los de la burguesía. Consecuentemente, sus reivindicaciones cambian también y la lucha reivindicativa también ha de acabar. Desde el campo de las ideologías, también cambia el posicionamiento del comunismo y ante el comunismo. El PCF, que ha sido un partido revolucionario, predica el paso pacífico al socialismo. Los intelectuales comienzan a plantearse de manera crítica el comunismo y el marxismo y muchos tienden a desembarazarse de los clichés y estereotipos marxistas. Los referentes siguen siendo los mismos: Camus, Sartre, Malraux, Ionesco, Samuel Beckett... La relectura de Freud por el sicoanalista Jacques Lacan y la de Marx por el filósofo Luis Althusser rompen también con las interpretaciones al uso.

¿Cómo era aquella juventud que protagonizará el mayo del 68? El “Libro Blanco de la Juventud”, publicado en mayo de 1967, nos permite responder con exactitud. Los jóvenes franceses del mayo del 68 piensan casarse pronto, no quieren tener niños hasta que no dispongan de los medios necesarios para educarlos, su primer objetivo es el éxito profesional, deciden ahorrar para comprarse un coche, no ven una guerra en el horizonte y tienen asumido que su porvenir dependerá de valores como la eficacia, la cualificación y el orden. Todo parece previsible. Es como si para ellos su futuro estuviera ya escrito. Todo resulta demasiado aburrido. Sí, esta es una nota que hay que destacar: la vida francesa se caracteriza por el aburrimiento. “La France s'ennuie”. “Francia se aburre”; este era uno de los titulares de Le Monde a comienzos de 1968 . El régimen del viejo general De Gaulle no es capaz de entusiasmar a unos estudiantes inquietos por los proyectos de reformas del ministro Fouché y temerosos de su futuro. Podemos preguntamos si esto que ocurre a los jóvenes franceses coincide o no con lo que viven los jóvenes de occidente. En el mundo occidental se detecta un movimiento juvenil caracterizado por una intensa voluntad de vivir y de liberarse de un mundo que les parece demasiado viejo. Baste recordar el movimiento hippie, la “música pop” y su invitación a romper los esquemas de la sociedad de consumo. Se trata, además, de una generación muy politizada, marcada por guerra de Vietnam. Grupos marxistas predican la revolución y las Facultades universitarias están en plena ebullición. A esta actitud de los estudiantes se unirá pronto el descontento social de aquellos cuya debilidad económica les impide responder a esa sociedad de consumo cada vez más influyente. Todo ello pone de relieve las fuertes desigualdades que hay en el seno de la sociedad francesa.


b) La revuelta de los niños mimados Los jóvenes protagonistas de las revueltas de mayo del 68 pertenecen a una generación nacida entre 1944 y 1950 que no ha conocido ni el hambre ni la miseria, ni la guerra ni, en definitiva, lo que son las privaciones. Viven en una sociedad que les mima, en la que todo son facilidades. Los nuevos objetivos de esta sociedad, muy lejos de los de sus padres, son el enriquecimiento y el consumo. Pero este modelo de vida no interesa a unos jóvenes que reivindican valores y comportamientos que les sean propios. Quieren alcanzar la felicidad ya, sin tener que esperar. Y para nada les sirve la experiencia de los mayores. Es este un factor que hay que destacar: en estos momentos se rompe la continuidad de la experiencia; los jóvenes no quieren asumir esa herencia de la generación de sus padres. Esto es así, hasta tal punto que podríamos hablar de una ruptura generacional sin precedentes. Ante ese vacío, ante un presente desencantado, el aburrimiento aparece como la realidad más cercana. Los jóvenes  cuestionan su existencia. Las válvulas de escape para esa pasión de vivir son el rock, el fenómeno yé-yé, etc. La utopía, el sueño son la escapatoria.

En este contexto aparecen los “enragés”. Son mezcla de estudiantes politizados, afiliados o no, que no soportan la “universidad sin sentido”, la universidad de la pasividad y del aburrimiento. Y se
desinteresan de su porvenir profesional. Sufren angustia de vivir en un mundo que consideran alienado. A todo esto hay que añadir otro factor: el extraordinario crecimiento de los estudiantes. En Francia, los universitarios han pasado de 200.000 en 1958 a 500.000 en 1968. Las Universidades son rígidas en su funcionamiento y configuran un mundo cerrado. Hay una especie de ortodoxia cultural. La relación profesores-alumnos es escasa y esclerotizada y las clases magistrales son la pauta general. Pues bien, todo ello es cuestionado por los universitarios que quieren algo diferente, algo nuevo que responda a sus gustos y apetencias. No soportan una Universidad que sigue como antes, que hace lo de siempre. Y creen que es hora de cambiar.

c) La crisis estudiantil. El punto de arranque del movimiento estudiantil comenzó en la Universidad y en los Institutos parisinos. La chispa salta en la Universidad de Nanterre, a las afueras de París. Rompiendo una vieja tradición, la policía penetra en el recinto universitario para restablecer el orden alterado por los “gauchistas”. Es el comienzo de la crisis de 1968: esta fase de agitación estudiantil contagia a todas las Facultades. Hay, sin embargo, precedentes que merece la pena destacar. Los primeros incidentes son de marzo de 1967, también en Nanterre, con ocasión de la prohibición que se hace a los chicos de entrar en los alojamientos de las chicas. Es un asunto de libertad sexual (este tema acompañará al Mayo '68). Más tarde, en enero de 1968, Daniel Cohn-Bendit, en la inauguración de la piscina del Campus de Nanterre, le dice en público al ministro de Deportes: “He leído vuestro libro blanco sobre la juventud y en él no se habla de sexualidad” y el ministro le contesta “si Vd. tiene problemas de ese tipo no tiene más que lanzarse a la piscina para tranquilizarse”. Esta respuesta será pronto calificada de fascista. Los estudiantes reclaman una Universidad crítica. Y nace en Nanterre el “Movimiento 22 de marzo” con objetivos claros de transgredir, tomar la palabra, interrumpir el curso, ocupar una clase, pasar el límite... Algunos distinguen dos hornadas de jóvenes en el 68 francés que denomina seniors y juniors . Aquellos eran los estudiantes de los cursos superiores, marcados por el existencialismo mientras que los juniors consideraban a Sartre alguien del pasado. No hubo ningún líder importante y la dirección intelectual, las dos versiones de la revolución, estaba entre Sartre y Foucault. Para Cohn Bendit  aquellas jornadas parisinas fueron una manifestación, entre muchas otras, de una metamorfosis cultural de toda una civilización. Y el griterío estudiantil tuvo cosas geniales o estúpidas que no expresaban la dirección de ningún movimiento sino que fueron el altavoz de hondísimos cambios culturales cuyos frutos maduros caerían mucho más tarde. Afloraron como algo importante: la nueva e inédita libertad de la mujer, los derechos humanos y la ecología. Y en este sentido, piensa que Cecilia ex Sarkozy encarna la nueva mujer, impensable antes del 68, cuando las francesas necesitaban un permiso de sus esposos para tener una cuenta bancaria. Bernard Kouchner ministro francés de Asuntos Exteriores por iniciativa de Sarkozy encarna otra herencia capital del 68, el derecho de ingerencia humanitaria puesto en práctica por la asociación Médicos sin fronteras y teorizado por Revel. Y en el terreno ecológico, para Cohn Bendit, Sarkozy puso en marcha un proceso de transformación muy profundo, las Conversaciones de
Grenelle del Medio Ambiente donde por vez primera la negociación de un gran problema social, planetario, es negociado no sólo por el Estado, la patronal y los sindicatos sino por otros representantes de la sociedad civil. Piensa que el presidente francés quizá sea la encarnación de una ruptura que comenzó hace apenas cuarenta años. Conviene, para centrar nuestro tema, situamos en el Paris de aquellos momentos.Disturbios repentinos, la policía actuando, las porras y los gases lacrimógenos, los atascos, los coches carbonizados, los carteles del Che, las películas de Godard, el oportunismo de los partidos, las tiendas de comestibles vacías, la vuelta a la normalidad... Es un París de héroes, incluso de falsos héroes que se untan la cara de mercromina para simular moratones.

 El 3 de mayo varios centenares de estudiantes de la Sorbona, de extrema izquierda, tienen un mitin en el patio de la Universidad. Entre ellos están Daniel Cohn-Bendit, Alain Krivine y Jacques
Sauvageot que serán conducidos a comisaría. Las fuerzas de policía (CRS) reprimen las importantes manifestaciones de estudiantes con una violencia que sorprende en todo el país. El líder es pronto
Daniel Cohn-Bendit. Y el momento culminante, la “Noche de las barricadas”, del 10 al 11 de mayo en que se desarrollan verdaderos motines. Una atmósfera de exaltación, de fraternidad aparece entre
los estudiantes y los habitantes del barrio; todo el mundo se habla, se anima y aporta materiales para hacer las barricadas. Hay una sensación de vivir la historia en primera persona. Todo el mundo canta no la Internacional sino la Marsellesa. El gobierno permanece sordo y mudo. La presencia de los policías frente a las  barricadas no hace sino aumentar la tensión. El poder político parece renegar de la juventud. Los partidos y los sindicatos tradicionales no comprenden lo que está pasando y son sobrepasados por este movimiento pero tras la citada noche tienen que tomar partido. También quedan desbordados los cuadros de las universidades tras la gigantesca manifestación del 13 de mayo. Durante ese mes de mayo y junio los estudiantes ocupan las Facultades y el Odéon que se convierten en centros de discusiones e intercambio de ideas en una atmósfera de fiesta permanente.

d) La crisis social Tras la manifestación desde el 14 de mayo, la crisis gana al conjunto del país y se transforma en una crisis social. Los obreros se ponen en huelga ocupando sus lugares de trabajo, y los sindicatos siguen, no sin reticencias, aquel movimiento que no saben cómo controlar. Pronto, Francia entera es paralizada por una huelga general. Las reivindicaciones son muchas y sobrepasan con frecuencia el problema de los salarios y las condiciones del trabajo. El gobierno acepta negociar y el Presidente Georges Pompidou reúne a los representantes del la patronal y de los sindicatos para firmar los Acuerdos de Grenelle el 27 de mayo. Aumentos de salarios, disminución de horarios laborales y confirmación del derecho sindical son algunos de sus logros. Sin embargo, numerosos trabajadores decepcionados refutan estos acuerdos. 

e) La crisis política. La reacción del poder es lamentable pues parece no saber bien cómo reaccionar. Cada vez más aislado, el gobierno no controla la dura represión policial que provoca simpatías hacia los estudiantes entre muchos ciudadanos. Es entonces cuando la crisis se convierte en política. Los estudiantes y sindicatos organizan el mitin del estadio Charlety donde, en presencia de Mendés France, reclaman profundas reformas. El 28 de mayo, Mitterand y Mendés France se declaran prestos a constituir un gobierno provisional. El 30, De Gaulle desaparece; muchos piensan que ha abandonado el poder pero en realidad ha viajado a Baden-Baden para reunirse con el general Massu que le asegura el apoyo del ejército. Es entonces cuando el Presidente recupera la confianza y anuncia en un discurso la disolución de la Cámara. No faltaron manifestaciones en apoyo del viejo general. Finalmente, las denominadas “elecciones del miedo” fueron un triunfo para los gaullistas de la UDR (Unión para la defensa de la República) que logró mayoría absoluta, mientras el centro se hunde y la izquierda pierde casi cien diputados. Las citadas elecciones no resuelven los serios problemas que el Mayo 68 ha puesto de relieve. E. Faure, ministro de Educación nacional renueva profundamente la enseñanza con una nueva ley de orientación. Pero De Gaulle ha perdido su carisma y aparece envejecido, como un político del tiempo pasado. 

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George Pompidou. Se desempeñó como
primer Ministro de Francia desde abril
de 1962 al 10 de julio de 1968.

El 11 de julio, M. Couve de Murville reemplaza a Pompidou en la presidencia del Gobierno y Giscard sale del gobierno. Cuando De Gaulle piensa que su régimen está amenazado intenta relanzar la idea de participación y propone un referéndum sobre una revisión de la Constitución que modificaría las atribuciones del Senado e instituiría la regionalización. Muchos, de la derecha, empezando por Giscard, y del centro son partidarios del no que lleva a De Gaulle a retirarse. Algunos se preguntarían más tarde si aquello no fue una salida honorable buscada para el General, que moriría poco después, el 9 de noviembre de 1970.

f) Conclusión. El 68 fue un año de revoluciones frustradas . París, México, Praga, Varsovia, en diversas Universidades americanas como Chicago, en China e incluso en Madrid hubo movimientos que terminaron abortando.  Y, si bien eran todos ellos distintos, tuvieron de común la condena del viejo orden, capitalismo o comunismo soviético. Como es bien sabido, el viejo mundo caería estrepitosamente años después y aquel 68 ha quedado, si no como causa, si como anuncio, síntoma o antecedentede lo que llegaría años más tarde. Para André Glucksmann mayo 68 explica cuarenta años más tarde que a corto plazo, comunistas y gaullistas, el PCF y el general De Gaulle, enterraron mayo en la tumba de una negociación salarial. 

A medio y largo plazo, mayo había enterrado esas dos mordazas tradicionalistas del conservadurismo de Estado Francés, a través de un estallido estudiantil cuyas raíces eran menos parisinas que californianas, menos comunistas que anarquistas, menos subversivas que liberales, menos económicas que culturales, menos políticas que antiestatales, menos sindicales que autónomas, hostiles al pensamiento conservador de izquierdas y derechas. El Mayo '68 ha quedado fijado en las memorias de muchos y, sobre todo, ha quedado escrito en la historia. Y, dado como se presentó, algunos se preguntan si ocurrirá otro 68 en cualquier momento. Su herencia cultural impregna el presente. Vivimos en una sociedad en la que las nociones de autonomía individual, transparencia,
ciudadanía aparecen como evidentes. Son palabras símbolos que confieren una especie de garantía democrática y que afectan a todos. Autonomía, autodisciplina, autoevalución... 


Es relevante caer en la cuenta que nunca una sociedad había erigido la autonomía como valor de referencia al tiempo  Mayo del 68 fue en principio fruto de una pasión de vivir contra el conformismo
ambiente, contra los poderes establecidos y las instituciones esclerotizadas. Supuso toda una concepción del hombre y de la cultura que el gauchismo cultural hizo suya pero al precio de una despolitización de la sociedad y de un individualismo y conformismo. Las conclusiones que, con el paso de los años se ha ido haciendo son de todos los gustos y colores. Todos coinciden en
la originalidad de aquella rebelión. Las cabezas de aquella rebelión, tanto de Nanterre como de la Sorbona, funcionaron como revolucionarios que sabían bien qué es un movimiento revolucionario.

¿Ingredientes? 
Primero, el intelectual -también burgués- que sabe utilizar como razón desencadenante el cansancio que una cultura oficial y oficializada venía originando. Como en tantas ocasiones anteriores los intelectuales están allí presentes. Para unos significó la última rebelión de alientos y estilos románticos y para muchos el mayo francés fue la aparición de un espíritu diferente en la estrategia
y las invocaciones de la revolución. ¿Fue aquello un nuevo anarquismo? Posiblemente la sublimación mayor está en aquella espiritualizada proclamación de “prohibir lo prohibido”. No sé si, como dicen muchos, mayo del 68 no cambió nada que no hubiera ya empezado a cambiar pero creo que es seguro que dejó un poso, una enseñanza y marcó un camino que gran parte de aquella generación tomó con entusiasmo.

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